En Colombia, un presentador de televisión estalla en llanto, en directo, mientras trata de reportar el drama que viven los habitantes de la ciudad de Puerto Príncipe, devastada por un terremoto de 7.0 grados. Nada podía ser más elocuente sobre la impotencia del comunicador que, tras recorrer las ruinas y encontrarse probablemente con ríos de personas que perdían hasta la ilusión, dejó ver el lado humano, acaso el más legítimo, de todo periodista. En ese instante el mundo era menos que inútil: lo único que podría hacer era llorar.
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Por: Alberto Martínez M.
Magister en Educación Profesor Departamento de Comunicación Social. Miembro del Grupo de Investigación PBX en Comunicación y Cultura. amartinez@uninorte.edu.co
Universidad del Norte – Marzo de 2010
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